Enormes esperanzas de cambio anidan hoy en los corazones y mentes de millones y millones de latinoamericanos. Viven mal, y avizoran su futuro y el de sus hijos aún mucho peor. Pero desconocen las verdaderas causas y remedios de sus padecimientos, y por eso votan mal.

 

Pero votan mal porque no hay ofertas y programas políticos enmarcados en el liberalismo clásico, únicos aptos para proporcionar un buen cauce electoral a sus voluntades, conforme a sus auténticos derechos, y a sus mejores intereses.

¿Qué quiere la inmensa mayoría de electores en nuestros países? Quiere soluciones ya. Quiere un cambio, grande y apreciable, que sea para mejor, y que sea rápido. E intuye que sólo un cambio radical puede satisfacer esas condiciones: un cambio de sistema. Por eso no vota por ninguno de los desacreditados y gastados políticos del sistema, identificados con la vieja derecha mercantilista, o con la vieja izquierda populista, socialista o comunista pasada de moda.

Alternativas anti-sistema. Vota por los candidatos a la moda, que en cada país se presentan como anti-sistema. ¿Qué traen ellos? Las promesas populistas y ofertas estatistas de siempre, pero ahora en el nuevo lenguaje de la nueva izquierda, hablando de ecología, feminismo y derechos de la mujer y los niños, y de pueblos indígenas. Como siempre lo hace la izquierda, la nueva también despotrica contra el mercado y el capitalismo, pero ahora no menciona al proletariado ni habla de su dictadura, sino de una nueva democracia. Y de una grande y heterogénea colección de supuestos derechos humanos a cumplir por el Estado.

Como siempre, la izquierda no apela a la razón, sino que manipula emociones y sentimientos, pero esta vez de un tipo distinto, quizá más peligrosos: el neocomunismo actual se identifica con los militares, se llama nacionalista, y se manifiesta muy espiritual y hasta religioso. Es con frecuencia “políticamente correcto”, y con mucho de Posmodernismo y New Age. Por eso confunde mucho a la gente, a la cual nadie ofrece otra cosa al menos igual de interesante.

Pero la gente acierta en que el viejo sistema ha fracasado, y que es necesario y posible un cambio urgente y radical, sin larga espera. (Sea espera por los resultados de la planificación central -o de la macroeconomía neoclásica del “neo” liberalismo-; o por el “Nuevo Hombre” fruto de una “nueva educación” estatal, de un “cambio cultural” u otro condicionamiento similar a larguísimo plazo.) La gente vota mal porque sus “orientadores” de opinión se confunden y les confunden al describir y explicar cuál sistema fracasó y por qué, cuál haya de reemplazarle exitosamente, y cuáles vías y medios son idóneos para una transición inmediata y a feliz término.

El liberalismo clásico. ¿Pero qué pasa entonces con los liberales clásicos, que por su formación doctrinaria son los encargados de dar las explicaciones y brindar las ofertas? ¿Dan a conocer al grueso de la población las medidas de Gobierno que proponen, y su justificación? ¿Explican y describen sus resultados esperados? ¿Proponen medidas para la transición? ¿Están organizando y articulando sus expresiones políticas y de partido en cada país con vistas a las elecciones?

En el pasado, el marxismo, pese a lo exiguo de sus filas al comienzo, y a sus permanentes divisiones y subdivisiones, logró concretar sus demandas en un Programa llamativo. Con varios puntos concretos, a saber: reforma agraria; leyes laborales y gremiales; “educación y salud pública gratuitas”; estatización de la minería, y del banco central; jubilaciones y pensiones a cargo del Estado; municipalización del transporte de pasajeros, etc. Así los grupos y partidos socialistas y comunistas, con propuestas positivamente formuladas y atractivas, ganaron nuevos adeptos, y minaron la credibilidad de los viejos principios e instituciones. Su hábil propaganda convenció a la opinión pública. Y así la prensa y casi todos los partidos adoptaron su Programa, y los Gobiernos procedieron a poner en práctica sus medidas. Con los resultados que vemos.

Hoy es necesario revertir ese proceso. ¿Cómo? Desestatizando y desregulando, y poniendo claros límites al Estado, para que la sociedad pueda vivir, crecer y desarrollarse conforme a sus órdenes espontáneos. Y sí, con cupones para los más pobres, al menos de momento. Pero para eso hay que escribir un Programa Liberal de Gobierno. Todo lo completo y exhaustivo que se pueda. Claro y contundente. Y explicarlo y difundirlo en términos sencillos. Y organizar partidos. Como en la época de Cobden y Bright, o Frederic Bastiat.

Sin embargo, y salvo honrosas excepciones, los liberales clásicos de ahora no lo hacen. En su mayoría critican las medidas antiliberales, y auguran sus pésimas consecuencias; mas no siempre formulan positivamente sus propias propuestas, atractivas pero viables y realistas, aún contando con una doctrina idónea a ese fin, que muchos conocen sólo superficialmente. Muchas veces se desgastan en inútiles luchas puntuales contra decisiones gubernamentales que tienen fundamento en leyes antiliberales, o en normas antiliberales de rango constitucional. Por eso son vistos como puramente críticos y negativos. Y como ajenos al pueblo y a sus esperanzas. Y para colmo se estancan en interminables discusiones “internas” (¿?), no siempre sobre puntos sustanciales, con portavoces de otras corrientes como el anarquismo y la socialdemocracia, o con esa deformación patrocinada por el FMI y el BM, y fracasada en los ’90, mal llamada a veces “neo” liberalismo.

Como resultado, el liberalismo clásico ha perdido toda vigencia política, y se halla en serio riesgo de perder hasta su identidad misma y cesar de existir.

 

En función de ese panorama, la CONFERENCIA LIBERAL HISPANOAMERICANA (CLH), identificada con el liberalismo clásico, nace para contribuir a llenar esas carencias, fijandose como tarea el cumplimiento de la siguiente DECLARACIÓN DE OBJETIVOS:

 

1. Política. Ayudar en la apertura de avenidas políticas al liberalismo clásico, y a cerrar las brechas entre la arena política y los liberales del mundo académico y del mundo de la empresa. Que intelectuales y empresarios liberales apoyen a los políticos liberales, para que no tengan que doblegarse en transacciones y componendas. Las luchas por las libertades separadas -políticas, académicas, económicas, de cultos, etc.- están condenadas al fracaso.

Y contribuir a evitar confusiones doctrinarias y pérdida de identidad, enfatizando las tres banderas históricas del liberalismo clásico para describir una sociedad liberal: Gobierno limitado -a sus funciones propias específicas de seguridad, justicia y obras públicas-; mercados libres; e instituciones privadas separadas del Estado.

La CLH quiere ayudar a recuperar la identidad del liberalismo clásico, y a deslindarle del anarquismo y de los “términos medios”: socialdemocracia, socialcristianismo, y el mal llamado “neo” liberalismo. Y de la vieja derecha mercantilista y de la vieja izquierda. Para enfrentar sin complejos a la nueva izquierda anti-sistema: no hay otro oponente serio que el liberalismo clásico, una vez bien articulado políticamente.

2. Las medidas liberales. Ayudar a tener en cada país un Programa Liberal de Gobierno. En cuatro ejes o líneas vertebrales:

A) Reforma del Estado a fin de poner a los Gobiernos a cargo de sus funciones propias: seguridad, justicia, obras públicas. Moderados en gastos, poderes e impuestos.

B) Privatizaciones populares y no fiscalistas, para capitalizar y apoderar no a Estados y Gobiernos sino a la gente, tanto en economía, banca y negocios como en educación, medicina y previsión.

C) Desregulaciones y aperturas de toda suerte de mercados y actividades, eliminando oportunidades monopólicas, a fin de crear y distribuir riqueza para todos.

D) Programas de transición para los más pobres con cupones para educación, servicios médicos, y jubilaciones y pensiones.

Esto implica la derogación inmediata de las leyes malas o antiliberales: la “legislación” hija de la ingeniería social en sentido hayekiano. La CLH quiere aportar a los políticos liberales que decidan ser consecuentes con la do, el armamento y munición intelectual que les sirva de orientación y defensa conceptual no tanto para criticar acerbamente al estatismo, sino para explicar positivamente su propuesta alternativa.

¿Es tan difícil explicar la propuesta liberal? ¿Cuál es? Es una sociedad en la cual empresas, centros docentes, médicos, previsionales, iglesias y toda clase de asociaciones particulares, funcionen en competencia y sin depender del Estado. Es un Estado que se ocupe de lo suyo, nada más, no de bancos, negocios, fincas, escuelas, hospitales, Cajas de Jubilaciones, etc., porque el Estado no es para hacer negocios, buenos o malos, ni prestar esos servicios. El Estado es para prestar los únicos servicios que la sociedad no puede prestarse por la vía de la coordiación espontánea -seguridad, justicia, obras públicas- y en este sentido restringido ha de entenderse su rol subsidiario.

Todo ello desde luego, bajo unas normas jurídicas respetuosas de los individuos y de las familias, de la propiedad, los contratos y esferas privadas. Y un Poder Judicial independiente, que resuelva los casos litigiosos por vía de decisiones individualizadas sobre los daños o perjuicios demostrados, siguiendo el debido proceso con sus garantías. No por la vía de reglamentos generales sancionados como leyes por el Parlamento, alegando intenciones de prevención. O como Decretos por el Ejecutivo, o Resoluciones de los Ministerios o sus todopoderosas agencias ejecutivas.

Si añadimos el concepto de justicia restitutiva o compensatoria, no es tan difícil de explicar el sentido de la reforma del Estado y las otras medidas. Pero no hay sustitutos para éstas políticas liberales clásicas; y siendo sus efectos benéficos e inmediatos, no requieren paliativos o contramedidas de “compensación”. Tampoco hay sustitutos para las palabras: al pan pan, al vino vino, y a la privatización, privatización.

3. Reformas legales, constitucionales y autonomías. Ayudar en la preparación y redacción de los cambios normativos para efectivizar las medidas liberales, una vez bien conocidos su fisonomía y su filosofía, sus propósitos y principios operativos:

A) Sea por la vía de la reforma constitucional para todo un país en su conjunto, con vocación y voluntad de praticar el sistema liberal.

B) O bien sea por la vía de un Estatuto Autonómico para una cierta región del país, una vez ganada su opinión pública para la causa liberal, y familiarizada con sus postulados y propuestas.

En un futuro muy cercano puede ser convencida la opinión, y articuladas las fuerzas políticas de una nueva mayoría en favor de las reformas. Una vez adoptadas las medidas -sin pretextos dilatorios, y sin compromisos ni componendas-, con positivos resultados, esa opinión y esas fuerzas políticas serán las garantías de permanencia para el sistema liberal.

4. La Carta de 11 Derechos. Brindar como referencia un Programa Liberal anti-sistema, breve y rotundo, ideológicamente consistente y al mismo tiempo factible, en los cuatro ejes o series de medidas liberales antes descritas. Los 11 Derechos, para ser consagrados en Constituciones y/o Estatutos autonómicos, pueden ser para los liberales clásicos a la vez doctrina, programa y estrategia. Y bandera y marca de identidad.

Muy poco tiempo tardarían la prosperidad y bienestar a partir de la adopción de las medidas liberales: escasos años, tal vez meses, para los primeros resultados. Mucha literatura reciente de la Escuela austríaca de Economía muestra que las soluciones y logros no vienen de los funcionarios y activistas políticos, sino de la propia gente anudando negocios, empresas y toda clase de relaciones de cooperación, si no se les impide hacerlo. Experiencias históricas como la Revolución Industrial en Inglaterra, los “milagros” alemán e italiano de la II Posguerra, y algunas otras más recientes en Asia-Pacífico, demuestran que con ciertas reformas, aún siendo parciales, no es preciso esperar demasiado tiempo; menos todavía si las reformas fuesen completas.

Excelentes noticias para los pobres y la clase media! Para llevar a los barrios urbanos y los caseríos rurales, hoy igualmente agobiados por la pobreza, la inseguridad y el desempleo. Y desesperados por tantas malas noticias de los “expertos” en “soluciones” antiliberales, que nos auguran siempre largas esperas para ver los resultados apetecidos, aunque los liberales sabemos que nunca llegarán, ni pronto ni tarde.

5. Filosofía y Religión. Destacar las conexiones entre el liberalismo clásico y el realismo filosófico, depurando la forma de pensar la política como instrumento de cambio favorable a las grandes mayorías, que hoy sin saberlo concurren a causar sus propios males.

Y subrayar las raíces bíblicas del liberalismo clásico -sin por ello desconocer sus otras raíces-, ayudando así a los creyentes a salir de las filas de la izquierda, hoy ciegos conducidos por otros ciegos (Lucas 6:39). Por supuesto que en un marco de respeto mutuo y armoniosa convivencia entre liberales creyentes y no creyentes. En todo el globo surge ahora una nueva y creciente literatura bíblica y cristiana sobre temas económicos y de Gobierno. Muy rica en contenido, procede de distintas denominaciones y tradiciones teológicas. Pero es toda es pro Gobierno limitado, pro libre mercado, y pro separación del Estado y las instituciones privadas. Llevar estas ideas a los millones de profesantes cristianos en América latina es uno de los objetivos de la CLH.

6. Educación política liberal masiva y activismo. Entre las tareas políticas es prioritaria la educación en los valores de una sociedad liberal, sus modos de funcionamiento, y el camino para alcanzarla. En otras palabras, cómo es tal sociedad, cuáles son sus rasgos distintivos y abismales diferencias con la presente, y cómo se llega:

A) Es indispensable describir y las incontables ventajas prácticas del cambio social propuesto para cada categoría de persona según su condición, sea comerciante, ama de casa, estudiante, docente, obrero, policía, campesino, desempleado o profesional. Explicar en cada caso cómo y por qué podremos ganar más y vivir mejor con menos trabajos y penurias.

B) Una vez bien comprendido esto, la persona puede conocer los fundamentos teóricos del liberalismo clásico, como Escuela austríaca de Economía, realismo filosófico y Derecho Natural.

C) Y una vez bien educada en el liberalismo clásico, si la persona tiene vocación puede emprender las otras tareas políticas: comunicar el mensaje a otros, y ayudarles a encuadrar y activar en un grupo político. La CLH quiere ayudar a la capacitación de los políticos liberales en captación de simpatizantes y registro de adherentes, colección de fondos, sondeos y encuestas, gobierno interior, actos, eventos y manifestaciones, propaganda, elecciones, comunicaciones. Por supuesto la Escuela de Cuadros y el material educativo son centrales en la vida de todo grupo político liberal.

Hay excelentes centros académicos de producción ideológica liberal, mas ese material tan valioso no les baja a las gentes de a pie. La CLH quiere colaborar con estos centros en dar a conocer y difundir a las mayorías el ideario y el programa del liberalismo clásico, previamente “traducido” en términos corrientes y prácticos, en un lenguaje llano sin traicionarlo, y en lo posible con medios gráficos y audiovisuales, música, teatro y otros recursos no convencionales.

7. Recursos financieros. Ayudar a promover negocios para sostener financieramente las actividades ideológicas, académico-docentes, comunicacionales, políticas y electorales, practicando lo mismo que predicamos. Entre otros canales o medios, a través de una red global de empresas de comercio exterior, operando en cada uno de los distintos países hispanoamericanos.

8. Red o pool de recursos. Servir de marco y puente para la cooperación entre instituciones, grupos y personalidades liberales de la política con sus congéneres y afines de la academia, las empresas, las iglesias e instituciones religiosas, la publicidad y los medios de comunicación basados en los diversos países del mundo hispanoamericano. Ponernos al servicio recíproco los recursos intelectuales, técnicos, ideológicos y políticos -y las de negde instituciones, grupos y personalidades adherentes.

Y poner todos esos recursos al servicio del liberalismo clásico como causa política idónea para sacar a Hispanoamérica y a sus pueblos de su desesperante situación de pobreza, ignorancia y atraso en que por desgracia se mantienen.

 

Y en esta presente situación se mantienen por causa de un desafortunado conjunto de prejuicios, conceptos equívocos y malentendidos, conjugados con falsos valores y reglas perversas, en lo que constituye el entramado de toda una cultura perversa. Que se combina con ciertos intereses creados, abrigados en instituciones perversas, diseñadas conforme a no menos perversas inclinaciones de la naturaleza humana.

 

Pero hay solución. Hay salida. Si esta es por fin la Hora del Liberalismo, el verdadero, el Liberalismo clásico, entonces la CLH quiere ser su mejor instrumento.

 

 

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